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November 06 G.A.L.
Y a partir de ahí, se comienza a dibujar la encarnizada lucha a la que se enfrentan los periodistas al asomarse al insondable abismo de una investigación que concluye con las más desgarradoras y atroces consecuencias. Ni más ni menos que el terrorismo de Estado, denominado por los libros de historia como la guerra sucia, en la que una organización denominada Grupos Antiterroristas de Liberación emplea el ojo por ojo, es decir, las pistolas y las bombas, para combatir el terrorismo de E.T.A., poniendo ambos bandos a la misma altura. Con 23 asesinatos a sus espaldas, la mayor parte a personas que nada tenían que ver con la banda etarra, el G.A.L. comienza a deshilacharse en la redacción del Diario 16, en la que los periodistas comienzan a tejer las relaciones entre el subcomisario Ariza, presunto jefe del G.A.L., y la cúpula del Ministerio del Interior y el Gobierno González, y a descubrir en qué propósitos se invertía el voto de los ciudadanos, y cual era el destino de sus impuestos. Las escalofriantes sensaciones en las que el espectador se ve inmerso al ir digiriendo lo que ello supuso le atenazan en su butaca: una total carta blanca para derramar sangre en nombre del Estado, que supuestamente debe representar a los ciudadanos con sus actos y decisiones, y un blindaje casi total al ejercer su brutal presión sobre todo aquel que ose hurgar en el entramado del G.A.L., y de los que manejan sus hilos. El director, Miguel Courtois, ya perro viejo en lo que a thrillers de carácter político se refiere tras su sonado éxito con “Lobo”, afirma haber filmado la película con el acta judicial en la mano, pese a que deja fluir preguntas sin responder que, quizás, flotarían en la mente de una ciudadanía que ya comenzaba a inquietarse ante el olor que se desprendía de la situación. Con el Ministro del Interior y el Secretario de Estado para la Seguridad condenados por secuestro y malversación de caudales públicos, junto con una amplia lista de funcionarios del Ministerio del Interior condenados de los cuales ninguno fue acusado por crear el G.A.L., y con una X en la parte superior del organigrama de dicho entramado, los dedos acusadores apuntaban a quien nunca fue formalmente acusado en un tribunal de, efectivamente, manejar la cruceta de la que cuelgan los hilos que mueven el entramado que, supuestamente antiterrorista, resultó ser una organización terrorista con graves consecuencias para la población civil. Es posible que sea demasiado pronto para abordar el tema de los G.A.L. de una manera objetiva por las heridas que aún arden en algunos sectores de la población española, y por los enfrentamientos sociales que dificultan una evaluación sosegada en asuntos políticos. También es cierto que en este asunto, aunque su gravedad lo convierta en algo tremendamente comprometido y en que se llega a negar o afirmar lo evidente, el proceso judicial llevado a cabo facilita la labor del que no busca la opinión sesgada que tanto se busca en estos temas, obedeciendo a intereses de unos o de otros. De lo que sí estoy seguro es de que esta película, trepidante, comprometida e interesante, recién salida del horno en el que se forjan las producciones españolas, no dejará a nadie indiferente.
Nacho October 26 Cabo Trafalgar
En otro barco, el Antilla, navío de línea de origen, comandante y tripulación españoles, con setenta y cuatro bocas negras que asoman por las portas, manejados por una leva forzada –es decir, habitantes de Cádiz reclutados por la fuerza – se disponen a obedecer las órdenes del almirante de la armada, en su buque insignia Bucentaure. Y a abrir fuego hasta partir las cuadernas a la armada casacona. Así, en el Antilla, en el segundo puesto de la línea que formaban todos los navíos de la armada aliada, veían venir a los buques que comanda Nelson formando dos líneas, que buscaban aguantar el fuego de los cañones hasta romper la línea, y atacar con barridos de proa, o de popa, y buscando superioridad numérica. Magnífico relato, de rigor histórico –pese a que el Antilla nunca existió, el autor usó ese recurso para representar lo que aquello fue – que aferra al lector a sus páginas hasta el epílogo. Arturo Pérez-Reverte abusa, quizás y desde una visión –claro está – muy subjetiva, de un vocabulario extravagante en algunas ocasiones. Palabras inventadas, demasiado coloquiales quizás, o mezclando lenguas, escribiéndolas tal cual las puede entender un marinero de leva. El relato está enfocado a saltos entre varios personajes, como el guardiamarina del Antilla, el comandante del Incertain, o Marrajo, un simple gaditano apresado en una taberna, que tan sólo piensa en meterle por la espalda un cuchillo al teniente que le trajo hasta ahí, y que pasa casi toda la batalla en la primera batería de cañones, sin saber lo que sucedía fuera. Y el autor aprovecha este estilo para mostrar al lector, poniendo en la boca, en los pensamientos y sensaciones de los personajes, el trasfondo de la historia, de los acontecimientos que precedieron aquella batalla naval que se dio a principios del siglo XIX. Pero ante todo es una novela entretenida –aunque eso va por gustos –, rica en vocabulario y en ideas. Una historia que conduce a las entrañas de un navío de línea, y empapa de sudor, enrojece los ojos por el humo que escupen los cañones, te hace vigilar los palos mesana, mayor y trinquete, y la intensidad del viento que hincha las velas, y hace avanzar al barco. En ocasiones, te sorprendes a ti mismo vigilando que la bandera continúe ondeando. Deseando que las andanadas inglesas, entre balazos, metralla y las astillas que saltan por la cubierta, no se hayan llevado por delante la driza que la sostiene. Pues es sólo al rendirse cuando se arría la bandera.
Nacho October 25 CulturaAbro nueva sección, y no por antojo, sino por necesidad. La necesidad que siento al reír ciertas obras de teatro, al pasar la última página de un buen libro, y quedarme con él cerrado en las manos, con sus palabras revoloteando aún en mi cabeza. La necesidad de expresar, de compartir, de transmitir. Creo que la cultura –más bien la falta de ella –es un gran problema que está atizando a una sociedad demasiado ocupada. Desde un buen dominio del lenguaje, pasando por la riqueza del vocabulario, hasta el conocimiento –por nimio que sea -acerca de distintos temas de historia, literatura, o arte, son, a mi modo de ver, pequeños éxitos de los que cada uno, si le dedica algo de ilusión, puede disfrutar de un modo ilimitado, y es una lástima que tanta gente no pueda gozar de ese modo. Algunas personas cercanas opinan que soy demasiado disperso. Un día me da por leer sobre estrategias militares, otro sobre el manejo de navíos de vela y otro sobre asuntos científico-filosóficos. Pero no creo que sea algo malo, aunque ahora esté de moda aquello de especializarse en algo –siempre acabamos hablando sobre el Caballero Don Dineros-, y creo que podría ser bueno compartirlo, aún siendo los rasgos más generales. Y si el lector ha llegado hasta aquí, será porque algo de curiosidad tiene. Por ello, me he propuesto, de cuando en cuando, hacer crítica de libros, teatro o cine -o de otras cuestiones culturales que crea interesantes –de un modo muy informal y subjetivo -, y así, espero, que pueda llegar mejor a la gente. Y no diré cultura entretenida, porque entre una intención y un resultado, en estos dominios, puede haber un abismo, así que haré lo que pueda. Espero -yo también, pues mi curiosidad es voraz – aprender de vosotros, reflexionando sobre vuestros comentarios, en los que podéis compartir con el resto algún libro, película u obra de teatro que creáis que merece la pena. Así, no sólo yo aprenderé, sino también vosotros mismos. Nacho |
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