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June 24 La Ley de la Cremallera
El proyecto de ley aprobado ayer por el Consejo de Ministros, que ahora va de camino al Congreso para después ser supervisado, a modo de trámite, por el Senado, ese órgano cuyo objetivo es el de asentir, pretende ser una ley integradora de la mujer en una sociedad supuestamente machista y medieval de una forma que, desde mi punto de vista, es errática. El proyecto aprobado toca muchos puntos de la vida cotidiana, dos de los cuales son de principal importancia: En primer lugar, establece una cuota en los Consejos de Administración de las empresas, cosa que depende enteramente de los accionistas, y que supone un ridículo ejemplo de intervencionismo estatal en el ámbito privado. Así, creo yo, tan sólo se logra que las personas se sitúen por la cuota y no por sus méritos, lo que hace que se eleve, en mayor o menor medida, la frustración de dichas personas. Es tremendamente injusto que, por ejemplo, en profesiones de mayor abundancia femenina, como la farmacéutica, haya que cumplir con una cuota de hombres que, por un motivo de preparación, gusto y mérito, no habrían llegado a ese puesto, usurpándole el asiento por ellos ocupados a personas mejor preparadas y más adecuadas. Ejemplos como éste, miles, y por parte de ambos sexos. Que yo sepa, nadie discute, por ejemplo, que Ana Patricia Botín esté donde está. El otro punto destacable, pretendido por una ley similar de las Islas Baleares, es la obligatoriedad en los partidos políticos de trazar sus listas aplicando la ley de la cremallera, alternando hombre y mujer en sus listas hasta cumplir la cuota. Me parece igualmente, y por las mismas razones, injusto. Es indiscutible, por ejemplo, el hecho de que María San Gil o Esperanza Aguirre sean personas mucho mejor preparadas y más adecuadas para dirigir el partido que dirigen, y realmente injusto que haya que quitarlas –a ellas o a personas de idénticas características- por motivo de sexo, sustituyendo sus vacantes por personas que lo merezcan menos. No sé si yo veo la realidad con ojos distintos, o simplemente que las medidas de carácter sexista como ésta desconciertan a la sociedad igual que a mí. Yo cuando veo un puesto en una empresa o un líder de un partido, no veo ni hombres ni mujeres, sino que veo personas. Veo méritos, preparación, estudios, capacidades e ilusión. No veo, en definitiva, a la mujer como un colectivo minoritario. Y tirar de la estadística barata, o legislar poniendo constantemente el ojo en el sexo de la gente, no me parece otra cosa más que un paso hacia atrás. Que existan machistas y feministas en la sociedad no significa que ésta sea sexista, del mismo modo que el hecho de que haya asesinos no quiere decir que seamos una sociedad asesina. Mi visión, lo que yo percibo, es que la sociedad promueve la igualdad, y, aunque existan excepciones, muchas de las cuales con raíz en que hay gente que se crió y educó hace cincuenta años en una sociedad –esa sí– machista, estas excepciones hay que combatirlas desde la sociedad, haciendo ver que eso no es justo, pero nunca a golpe de ley. El sexismo, entendiendo como tal el machismo y el feminismo, no es más que un arma que actúa de forma impositiva y victimista. La llamada discriminación positiva no es más que una discriminación como otra cualquiera, que se vale de situaciones del pasado para ser desarrollada, y como tal, atenta contra la justicia, la igualdad y la libertad. La justicia por lo anteriormente dicho, la igualdad porque no se presta a favorecer la igualdad de condiciones, y la libertad porque prohíbe una libre distribución de tareas, teniendo, irremediablemente, que atender al criterio del sexo. Y para colmo, provoca que el hecho de que alguien critique, por ejemplo, a una mujer por cualquier motivo, sea tildado de machista, dejando blindada a la gente antes las críticas, con un argumento tan afilado que es preferible evitarlo si se impone dicha moda. De igual forma, se está redefiniendo el concepto de género neutro en nuestro diccionario, estableciendo que hay que decir fiscala o notaria, pero no periodisto o deportisto. Mi idea de igualdad es contraria a la de paridad. Mi idea de igualdad radica en que, para elegir personas para puestos en empresas, para listas políticas o para tareas domésticas, hay que hacerlo con total independencia del sexo, cosa que provoca que el número de integrantes de cada sexo sea aleatorio. Del mismo modo, tampoco hay que establecer criterios de color de piel, de pelo o forma de ojos, a menos de que sea de vital importancia para la tarea a desarrollar. Esto hace que, desde mi punto de vista, la paridad esté fuera del juego público y privado. Por todo ello, en caso de que se impongan leyes sexistas como ésta, no habremos sino retrocedido en el tiempo, y habremos atentado contra la igualdad, la justicia, y la libertad en algunos puntos concretos que afectan a nuestra vida cotidiana. Está en nuestra mano, en las personas y en la sociedad, acabar con las prácticas sexistas, tanto machistas como feministas, dejar de pensar en sexos y pensar en personas, e intentar evitar que nos impongan leyes que establecen la cremallera como método para imponer la paridad, y, por lo tanto, una falsa igualdad.
Nacho April 28 La latente extrema derechaUno de los mayores fenómenos políticos que se ha dado en las dos últimas décadas en Europa es el ascenso de partidos de extrema derecha. Casi todos los Estados de la Unión cuentan hoy con un importante porcentaje parlamentario ocupado por estos grupos, caracterizados por el ultranacionalismo populista, identitario, protestatario y xenófobo, adobado explícitamente o no con neofascismo y neonazismo. En Bélgica ganó en 2003 con el 24% de los votos el partido Interés Flamenco, en Holanda Lista Pim Fortuyn formó gobierno con democristianos y liberales en 2002, en Francia, Frente Nacional consiguió 5,5 millones de votos en las presidencialistas de 2002, en Suiza logra la victoria en 2003 Unión Democrática con el 28% de los votos. Y así, en Austria, en Italia, en Noruega, en Rusia, en Dinamarca, en Alemania, en Rumania, en Grecia o en Yugoslavia, la extrema derecha va surgiendo como alternativa a problemas sociales, entre los que destaca el fenómeno de la inmigración, y lidera movimientos obreros. España, que desde el siglo XVI ha tendido a mezclarse con otras razas, siempre ha disfrutado de la fama de ser una sociedad tolerante y poco racista. Pero se ha seguido una trayectoria desde 2001, agudizada este último año, en que problemas como el ascenso exponencial de la inmigración o el terrorismo internacional han dado pie a un cambio progresivo en nuestra forma de ver a las personas extranjeras. Así lo certificaban los datos del CIS, que por primera vez situaban la inmigración como segundo problema para los ciudadanos, por detrás del paro y por delante del terrorismo, y sondeos sobre el racismo, en el que se verificaba el acercamiento del nivel de racismo en España a la media europea, datos aún buenos, pero de peligroso crecimiento. Según los expertos, en España se dan las condiciones para el ascenso de un partido de extrema derecha. No es casual que las consignas “los españoles, primero”, o “un español, un puesto de trabajo”, inspiradas en el Frente Nacional francés, encabece ahora las manifestaciones de la extrema derecha española. La asociación de ideas inmigrante-delincuente es una realidad, y para evitarla hay que conseguir la completa integración social de éstos. En caso negativo, se favorecería la creación de bandas callejeras de inmigrantes, y los problemas que ésto conlleva. Las ideas que surgen en la sociedad española de carácter xenófobo o contrario a la inmigración son, de momento, difusas y están repartidas entre partidos como Democracia Nacional, Frente Nacional o el propio PP, al que muchos llegan a confundir con un partido de extrema derecha, cuando éste es tajante con respecto a la xenofobia, y es víctima de insultos como “fachas” o “fascistas” por parte de grupos de ideologías izquierdistas o nacionalistas. Esto a veces genera una confusión entre las ideologías conservadoras y las totalitarias, y provoca que muchos de los votos de la extrema derecha vayan a parar al PP. Sin ir más lejos, ya existe un partido antiinmigración con representación municipal. Éste es Plataforma per Catalunya, cuyo líder, Joseph Anglada, seguidor de Blas Piñar, rechaza el título de ultraderechista, y se autodefine como “el ciudadano que dice en voz alta lo que la mayoría pensamos”, otro tributo a Jean-Marie Le Pen. Este partido se considera el vehículo para los ciudadanos catalanes cuyas preocupaciones sean la defensa del Estado de bienestar, la identidad nacional y la cohesión social, supuestamente amenazadas por la inmigración. Existe, a mi modo de ver, peligro en ámbitos mucho más palpables. Conocidos y polémicos comunicadores y periodistas, que transmiten un mensaje que pretende separarse de la extrema derecha, rechazando la xenofobia, el racismo y los regímenes totalitarios, saben que aglutinan en torno a sus emisoras y periódicos digitales a oyentes y lectores que se aproximan, en ocasiones, a estas ideologías –no nazis, pero en algunos casos, racistas y fascistas-. No hay más que darse un paseo por los foros y blogs en LD para contemplar que gente radical en sus formas y sectaria en sus ideas se da a conocer, lo que me parece un peligroso potencial en el que pueden brotar partidos de ultraderecha. Y no es el único ejemplo, ya que, a falta de medios de comunicación, estas ideas se están propagando por Internet como una mecha recién encendida. Pero como toda mecha, correrá el peligro de explotar. Y es que, si la extrema derecha latente que existe hoy en España gana en organización, lima sus diferencias y encuentra un líder carismático al que seguir, es posible que surja como fuerza política, poniéndonos a la altura del resto de Europa. Creo que urgen medidas en las políticas inmigratorias. Hay que aumentar la integración social de los inmigrantes, hay que celebrar la diversidad cultural que esto aporta a la sociedad, hay que compartir los derechos y las libertades con ellos y hay que ver la inmigración, no como un problema, sino como un reto. Por supuesto, no hay que olvidar que, en una sociedad envejecida como la nuestra, la inmigración será, en no muchos años, la base en la que se sustente nuestro crecimiento. Sólo así podremos ahorrarnos el fenómeno que envenena Europa.
Nacho March 08 La Igualdad de la Mujer Los que me conocen sabrán, o deberían saber, que soy un defensor de la igualdad entre hombres y mujeres, al igual que defiendo la igualdad entre razas, nacionalidades y demás motivos de posible exclusión. Pero me gustaría matizar esta igualdad. La igualdad a la que defiendo es la igualdad de condiciones, no la igualdad de resultados. La igualdad de resultados vendrá dada, en caso de competir en las mismas condiciones, como combinación del esfuerzo, la preparación, el carácter y la práctica que haya acumulado el individuo en cuestión.
Hoy hemos asistido a un bombardeo de frases vacías con motivo del 'Día de la mujer trabajadora'. En primer lugar, considero que este día debería ser eliminado, por lo menos en España, al igual que debería eliminar el 'Día del orgullo gay', por el mismo motivo: simplemente dedicarle un día especial a una de esas causas envía un mensaje a la sociedad de que los demás días no les pertenecen, de que son personas discriminadas e invita a pensar que hasta que ésto no se elimine, no podrá existir ningún tipo de igualdad.
¿Pero cómo no se les va a tratar igual, si son nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras compañeras, nuestras esposas, nuestras amigas, nuestras profesoras y nuestras novias? Si hay menos mujeres en puestos ejecutivos, si hay más mujeres que se dedican únicamente al hogar, si hay tantos datos que hoy nos llegan diciendo que la mujer en el trabajo está discriminada es porque hace años, en el ambiente en el que ellas se educaron, se respiraba desigualdad por doquier, pero eso ya no es así. Ahora, afortunadamente, la sociedad no esta compuesta por hombres y mujeres, sino por personas.
Flaco favor se le hace a esta realidad con leyes como la 'Ley de Igualdad', que realmente debería de llamarse ley de Paridad, porque a lo que fuerza no es a ofrecer una igualdad de condiciones, sino que te dice cuántas personas de cada sexo tiene que haber en las empresas. ¿Es ésto justo? ¿Qué pasa si hay más mujeres competentes que hombres, y éstas superan el margen que restringe esta ley? ¿Habrá que expulsar a éstas mujeres en profesiones que son más típicamente femeninas, como la farmacia, o el periodismo? ¿No es esto sexismo?
- Estoy harta de que me digan lo bien que lo hago, como si fuera tonta -, decía una conductora de autobús en una entrevista de Antena 3 esta mañana. Éste es el tipo de comentarios que hay que evitar, ya que hieren más que ayudan, y es a ésto a lo que favorece el 'Día de la mujer trabajadora'. Dejemos de pensar en sexos, y pensemos en personas.
Nacho |
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